George Sand

A lo largo de la historia, la mujer ha tenido una situación de desventaja con respecto al hombre en casi todos los ámbitos. Esto es un hecho. Durante siglos han tenido que utilizar pseudónimos masculinos para poder publicar sus obras. Ejemplo de ello son las hermanas Brontë, la francesa Aurore Dupin, la española Cecilia Böhl, Colette y muchas más. Además han tenido que compaginar la maternidad y las labores del hogar con la escritura cuando todavía no se les permitía estudiar en la universidad, mientras que muchos hombres podían dedicarse libremente a escribir, viajar y subsistir fácilmente gracias a esta profesión.

Ahora las cosas han cambiado. Las mujeres estudian, trabajan, pueden ser independientes y sin embargo, en la sociedad todavía existen desventajas. En Libelar se intenta nivelar esta desventaja. Lo mejor de todo es que para escribir no se necesita mucho más que un lápiz, papel e imaginación, pero sobre todo, nacer con la semilla que no permite que hagas otras cosa que escribir a pesar del fracaso más absoluto. La mayoría de los escritores han fracasado antes o después de ver publicadas sus obras, pero el genio de la escritura es un fantasma que se mete dentro y no se marcha a pesar de las dificultades. Este genio es el que ha llevado a muchos escritores y escritoras incluso a la muerte. Este es el espíritu de Libelar, que aunque escribir sea una profesión peligrosa, su legado siempre será el alma de sus escritoras.