Intro de segunda temporada

Ya es 2021. Ha «pasado» la devastadora COVID-19, ha llegado la vacuna y quedan más cercanas que nunca la desconfianza hacia la ciencia, el negacionismo y el orgullo desvengonzado de la vulgaridad. Nosotros volvemos, retomamos el reto en femenino y seguimos dispuestas a enfocar realidades menos ruidosas y más profundas. 

Para empezar esta segunda temporada y el primer año de la década de los veinte, quiero proyectar un  pasaje de la vida de una de las mujeres de mi vida. Una mujer que nació a finales del siglo pasado, que ha surfeado todas las crisis eco-humanas que se han sucedido sin descanso desde entonces, y que ha empezado esta década cometiendo el acto más rebelde que una mujer de este tiempo puede cometer: se ha casado por amor llevando flores.

Las flores todavía siguen estando asociadas a las mujeres, debe ser porque transmiten delicadeza. Las flores de C han sido transmisoras de amor y nudos emocionales construidos con los años, la serenidad y el acompañamiento continuo. Son blancas y heterogéneas como C, una chica blanca llena de matices e ideas efervescentes. Contienen hojas verdes, brotes de vida, de esperanza; ganas de C por gestar y crear. Forman una composición pequeña, delicada, armoniosa, justo como C, una mujer menuda, que tiende la mano para acompañarse y acompañar bajo una mirada azul calmante. Las flores de C podrían ser el 2021, un año delicado, blanco, limpio, lleno de vida, libre de muertes pandémicas, creador, empoderado, rebelde y femenino. Un reflejo de C.

Vuelven las mujeres de mi vida. Siguen estando las de siempre. Por un 2021 en femenino.