Fragmento

«Por la razón que fuera, un hilo invisible discurría entre las dos, como la balada de un río. Un hilo de luz, vaporoso y firme, por el que avanzaba la vida y se reproducía. De una generación a otra, de madres a hijas, de abuelas a nietas, de bisabuelas a biznietas, como es en este caso, la fuerza de la savia se iba renovando. Y un tapiz alado, una red de filamentos misteriosos se entretejía, conectando a unas con otras, permitiendo el transporte unidireccional de vivencias, experiencias, cualidades y defectos. De la más antigua a la más joven, de la mayor a la pequeña, de arriba abajo, de la primera a la siguiente, como en una carrera de relevos, una cedía el testigo a la ulterior y así, de modo sucesivo, la antorcha de la vida pasaba de una a otra con su llama inextinguible».

Pilar González