Poncio Pilato

En el examen saqué la nota más alta. El profesor era bajito y daba clase de latín. En el examen yo había copiado, algo que no solía hacer en los exámenes. Pero un día…, un día es un día, él había salido del aula en el examen y todos aprovechamos para preguntar al compañero, mirar de reojo, hacer como que no, pero que sí. No fui yo sola, pero aprendí la lección y cuando estaba a punto de escribirla algo sucedió.

En el aula había una ventana y desde la ventana el profesor nos vigilaba. Vio cómo hablábamos con los compañeros, todos, no solo yo, y entró de nuevo, se dirigió hacia mí, su cobaya. Inclinó sus piernas, apoyó sus codos en la mesa y me susurró: “tú no aprobarás”. Tres palabras, pero sobre todo la primera, tú, o sea yo, habíamos sido todos, pero yo no aprobaría, yo que siempre aprobaba, yo que siempre estudiaba… De repente, mi cara enrojeció, mis manos se paralizaron y no pude escribir Quid est veritas? (¿Qué es la verdad?) en latín, pensaba que nada tenía sentido. Ni la verdad, ni la mentira, que era mejor quedarse en silencio, con los remordimientos, mirando el reloj en dirección contraria, una hora interminable. El resultado sería mi primer suspenso en una asignatura, la imagen de decepción de mis padres, mi futuro, todo estaba en juego y un simple desliz, la tentación de hacerlo mejor que mejor, que hizo que definitivamente dejara el examen en blanco. No escribí nada, era un suspenso claro, no había nada que hacer, aunque lo intentara. Todo sería en vano.

Sin embargo, a veces subestimamos la labor del profesor, el que te enseña qué decía Poncio Pilato en latín aquel día y lo importante que fue la respuesta de Cristo aquel día, pero nadie habla del ejemplo que dan. Y yo me comporté mal, lo aprendí, lo sabía. El latín lo dejaría para más tarde. Pero saqué la nota más alta, saqué un cinco y nadie más aprobó. Nunca lo conté, pero ahora lo entendí. Fue nuestro secreto, hasta hoy. No sé si es el mejor profesor aquel que te enseña cómo se traduce Est vir qui adest (Es el hombre que está ante ti), la respuesta de Cristo a Poncio Pilato o que a veces en la vida hay que saltarse las normas para saber que no todos somos perfectos. Porque hoy soy profesora de latín y aquel hombre que estaba ante mí, me enseñó que lo que Poncio Pilato le dijo a Cristo aquel día, es que somos como nos comportamos y el ejemplo, la mejor manera de enseñarlo.

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